Por qué los precios no pueden fijarse

Una de las mayores aportaciones de los españoles a la economía mundial, fue nuestra aportación en teoría económica.

Aunque a día de hoy nadie lo diría, España no fue solo una potencia militar y económica en el siglo XV. La interacción con multitud de reinos, invasiones sufridas, realizadas y una época de aperturismo, llevaron al país a tener ideas muy avanzadas. Uno de los mayores logros, fue poder definir la fuente del valor de las cosas. Este era un concepto que se escapaba a la comprensión de la época.

Las cosas parecían tener un valor intrínseco, por si mismas, esto parecía cierto en comunidades pequeñas con poco avance tecnológico. Pero la subida y caída del precio del pan, los desarreglos económicos entre regiones. La inundación de Europa con nuevos productos y la nueva facilidad de obtener oro, cambiaron los paradigmas de la sociedad.

Fue un economista español, quien determinó que el precio de las cosas era generado de forma subjetiva por el comprador. Que de la suma de todas las transacciones el precio quedaba marcado y que este era algo variable. Sin duda, fue una idea que ayudó a entender los porqués de la nueva economía. Llevando a otras ideas de naciones con precios fijos e invariables a la desaparición.

Sin embargo, fue mucho más adelante, cuando la cultura anglosajona, buscó una forma de poder determinar los precios de una forma empírica. Esta necesidad venía regulada por la revolución industrial. Todo debía ser medible, regulable y ajustable a principios físicos. Es entonces cuando aparece la idea del coste de producción a la hora de valorar un producto.

Esto no es intrínsecamente falso, es cierto que valoramos las cosas según lo que a nosotros nos costaría fabricarlos. Pero desconocemos el tiempo real de la fabricación del producto. Pese a todo, esta idea fue acogida con gran entusiasmo, ya que permitía a los empresarios valorar el coste de venta teórico sobre el cual no perderían dinero, de una forma más sencilla.

Extendida esta figura económica, fue rápidamente acogida por el famoso Karl Marx, quien en su libro «El capital», marca este dogma como cierto y lo usa para sacar conclusiones erróneas. Donde valora de forma errónea el precio atribuido a los artículos desde la visión del coste de producción sajón. Esto hace que se cree una concepción primeramente errónea del capitalista y luego otra visión equivocada del precio.

Planificación contra el mercado

Si hay que hablar de una diferencia clara entre izquierda y derecha, es que la izquierda es planificación y la derecha mercado. Cuando hablamos de planificación, hablamos de control, hablamos de determinar que es y que no ha de ser una sociedad. Cuando hablamos de mercado, hablamos de que no existe una planificación, solo la de poner un marco común.

Como ya hemos hablado en otras ocasiones, ambas visiones buscan lo mejor para la sociedad, desde su punto de vista. Y como en todo, en los extremos es donde están los peligros. Uno de los peligros de la izquierda es la sobre planificación. Es decir, planificar sobre cosas en las cuales no tiene información suficiente. Este es el caso de los precios.

Planificar un precio, puede ofrecer 3 resultados, como poco, difícilmente predecibles. En un caso, podemos acertar el precio, de la cual forma nuestra regulación no era necesaria. Sin duda sería la menos dañina de los tres resultados. Para conseguir este resultado, muchas veces en la URSS, se usaban precios de control basados en información de los mercados.

Tenemos una 2ª situación, bastante conocida, poner un precio más bajo que el coste de producción. El resultado será claro. Desabastecimiento, la gente no querrá trabajar en fabricar ese producto o servicio. Sin embargo, al estar el precio por debajo de su valor real, mucha más gente querrá adquirirlo. Lo cual incrementará su desabastecimiento. En el peor de los casos, aparecerá un mercado negro. Se venderá a un precio muy superior al precio que originalmente tendría el producto en el mercado.

La 3ª situación es más compleja aún. Poner un precio superior al precio de mercado. Mucha más gente querrá entrar a trabajar a ese sector de la que realmente se necesita. Existen dos salidas a esa situación. En un caso tendríamos la situación UBER/Cabify. Aparece una competencia desde el mercado y regula el coste del mercado. El producto estatal o regulado se convierte en un producto de lujo, pierde su esencia. Pero el mercado es capaz de reconducir la situación.

Si el estado en esta situación vuelve a intervenir, crea un monopolio. Como hemos visto en el Taxi. Regulando la cantidad de gente que puede ofrecer el servicio, eliminando la competencia. El precio se mantiene alto artificialmente, el precio de entrada al oligopolio se dispara. El coste de producción se compensa en base a subir el coste real de producción hasta asemejarlo al impuesto.

Esto convierte en cualquier servicio o producto en ineficaz sin interés en la innovación, pronto se torna arcaico e ineficiente.

A todo esto, que hemos mencionado, hay que añadir que los precios no son estables a lo largo del tiempo. Un buen precio hoy, no tiene por que ser un buen precio mañana. No todas las empresas que fabrican un mismo producto lo fabrican con la misma calidad. Quien ofrece un servicio, tampoco lo hace igual. Por tanto, poner un precio único ya vemos que es nocivo.

¿Por qué la izquierda se empeña en regular los precios?

Bien, ya hemos visto los riesgos y peligros de regular los precios. A estas alturas nadie puede creer que regular los precios es bueno per se. ¿Entonces, sobre qué base se mantiene el deseo de regularlos? Como hemos visto ya, el coeficiente de Gini es un coeficiente al que la izquierda le teme, y no le faltan motivos. Para la izquierda, regular los precios es el arma final, una reminiscencia de las revueltas por la subida del pan.

Cuando nos remontamos al pasado, podemos ver, que antes de la regulación de los precios. Bajo un mercado semi desabastecido por guerras y una tecnología incapaz de cubrir las necesidades humanas. Los precios se disparaban sin remedio, llevando los precios de productos básicos a niveles inasumibles.

Sin duda, desde su punto de vista, la locura es no poner ni limites ni regulaciones a los precios. Si bien es cierto, que mientras existan oligopolios mantenidos por regulaciones estatales esto es algo cierto. En una economía de libre mercado, donde no haya desabastecimiento, no deberíamos contar con este problema.

El limite por tanto entre las dos teorías, debería ser por tanto que el estado debería cubrir el desabastecimiento real y puntual. Eliminar las barreras que hacen que este desabastecimiento sea algo endémico y sistémico. Como el buen jardinero, que no va con una motosierra por el jardín, sino con unas tijeras finas para tallar aquellas ramas que se salen de la figura de armonía.

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José García de las Bayonas

Licenciado en máquinas navales. Tecnico de aprovisionamiento de Grupo Planeta Experiencia como responsable de calidad / Oficial de máquinas / Gestión de stocks. Administrador de la página web Mardecuriosidad.com

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